Healthy Smart City: comienza la era del urbanismo life centric

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Healthy Smart City

Paris era la ciudad medieval insalubre que todos hemos visto recreada en “los Miserables” cuando Napoleón III encargó al Barón Haussmann que la modernizara y la transformara en la ciudad que conocemos hoy, mejorando las condicionas de vida de la población y conteniendo la expansión del cólera, la tuberculosis y otras enfermedades muchos años antes de que aparecieran las primeras vacunas y fármacos eficaces.

 

La preocupación por la salubridad del entorno ha sido una constante en los grandes movimientos de Arquitectura y Urbanismo recientes. La eficacia de la arquitectura como instrumento para favorecer la salud de la población se demostró también con el nacimiento del Movimiento Moderno en los años 20, que con sus exigencias de soleamiento y ventilación contribuyó a mejorar la salud de la población.

En las ciudades actuales destacan sobre todo tres aspectos que inciden en nuestra salud: el ruido, la calidad del aire y el consumo de tiempo en desplazamientos que deriva en estrés. 

Sabemos que los habitantes de distintos barrios de la misma ciudad tienen unas diferencias de esperanza de vida de hasta 10 años. Hemos comprobado en la presente crisis global que los espacios cerrados desempeñan un importante papel en la propagación de enfermedades y en la continuidad operativa de muchas empresas. En suma, los espacios que ocupamos son la clave de muchos desafíos que tenemos como sociedad.

En este sentido, la pandemia ha tenido un efecto contundente: surge la necesidad de firmar un nuevo acuerdo social que priorice la salud de los ciudadanos a través de los edificios y ciudades. 

Lograrlo nos exige trabajar con una mirada más amplia en las ciudades del futuro: para que sean realmente inteligentes (Smart), tienen que ser necesariamente saludables (Healthy). Y lo cierto es que a través de la ciencia, la tecnología y la arquitectura, es posible ofrecer a nuestras sociedades una esperanza y calidad de vida mucho mayor.  

En Europa, la transformación comenzó con las peatonalizaciones de los centros históricos, que dieron lugar a supermanzanas, donde el individuo recuperó el protagonismo respecto a los vehículos, se redujo en gran medida la contaminación del aire y el ruido, los ciudadanos volvieron a ocupar las calles a pie y el comercio local incrementó sus ventas. 

El éxito de este modelo llevo al policentrismo, en el que se promueven la creación de microcentros en los que se recupera la vida del barrio, en detrimento del centro único de la ciudad. Esto implica facilitar la vida cotidiana del ciudadano a una distancia que se pueda recorrer a pie o en bicicleta y que pueda atender así a sus necesidades diarias.

Con ello se reducen los tiempos de desplazamientos en vehículos particulares, que suponen un gran consumo de energía, producen contaminación acústica y atmosférica, además de ser depredadora de tiempo y generadora de sedentarismo.

Las previsiones, a falta de introducir las correcciones por la presente pandemia, indican que, en 30 años, entre el 80-90% de la población mundial vivirá en ciudades. Las propuestas urbanas, además de responder a los retos de abastecimientos y suministros, gestión de residuos, de tráfico y construcción, deben tener como prioridad facilitar a sus ciudadanos la mayor calidad y esperanza de vida posible. 

Nunca antes como ahora había estado la salud en la agenda pública y esto ha abierto la posibilidad de plantear un nuevo modelo urbano más allá de la eficiencia y la automatización de sus dinámicas: se tratará de algo más poderoso, un cambio de paradigma de calidad en las ciudades: que sean sostenibles, inteligentes y eficientes energéticamente y que gestionen óptimamente sus residuos no es suficiente. Ahora deben tener la prioridad de preservar la salud de sus habitantes y prevenir enfermedades. Esa es la propuesta de la Healthy Smart City, un lugar propicio para la innovación urbana.

Por eso aboga por unas áreas locales atractivas, accesibles, seguras, inclusivas y saludables, promueve la naturación de los espacios públicos, prioriza la calidad del aire y del agua, la ausencia de ruidos y se apoya en la colaboración ciudadana y en la tecnología. Propone un marco regulatorio que limite la radiación electromagnética admisible y que incentive que los edificios sean ventilados, soleados, accesibles, bien aislados, bien iluminados y construidos con materiales libres de tóxicos. Todo ello para que la población pueda desarrollar una vida saludable tanto física como emocionalmente.

Tenemos la responsabilidad colectiva de trazar una agenda común y unos acuerdos que nos permitan garantizar unos nuevos mínimos de salubridad de los edificios y ciudades, que además de detener el avance de la pandemia, nos preparen para el futuro.

Por eso, es fundamental que surjan iniciativas como el Observatorio de Arquitectura Saludable, recientemente creado para proveer información científica y académica a la comunidad; divulgar conocimiento sobre arquitectura y salud, y en recomendar acciones relevantes para las autoridades e Instituciones.

 

En su Manifiesto, el Observatorio hace una afirmación que condensa el propósito de un urbanismo life centric: “La vida es un privilegio y preservarla es un desafío”. Ahora más que nunca, merece la pena recordarlo.

 

 

Arquitectura Saludable. La ciencia contra el miedo, por Rita Gasalla

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La Ciencia Contra El Miedo

Tras el confinamiento, profesionales de diversos sectores volverán al trabajo en un ambiente enrarecido. El virus que detuvo el mundo cambió también los paradigmas de seguridad, bienestar y calidad en las oficinas. El desafío es recuperar la confianza y la ciencia será la clave para lograrlo.

Estamos viviendo cambios muy importantes. Uno de ellos es que como sociedad hemos puesto la salud en el centro de nuestras prioridades y eso impacta -como es de esperar- en la cotidianidad laboral, en sus dinámicas y espacios.

A la finalización gradual del confinamiento le sigue la reactivación de las oficinas. Un panorama en el que varios paradigmas se están replanteando. Atrás van quedando el ratio de ocupantes por metro cuadrado y la eficiencia energética como criterios de calidad. Ahora otras preguntas ocupan a arquitectos, usuarios y empresarios: ¿Qué significa la seguridad en el trabajo? ¿Cuáles son los nuevos mínimos de bienestar laboral? ¿Qué estándares de calidad deberían cumplir las oficinas?

Aunque estamos avanzando en la comprensión y construcción de una nueva normalidad, y algunas certezas llegarán sobre la marcha, lo cierto es que la seguridad, el bienestar y la calidad coinciden en un punto insoslayable: los espacios deberán ser saludables o no serán ni seguros, ni beneficiosos, ni de calidad. Y si eso sucede, tampoco serán confiables para los trabajadores, clientes y la sociedad en general.

Las empresas tendrán que tomar medidaspara recuperar la tranquilidad colectiva, que van desde mantener el distanciamiento social y el teletrabajo, a acometer medidas arquitectónicas físicas, perdurables y monitorizadas en tiempo real, que minimicen los contactos y erradiquen las bacterias y los virus del aire y de las superficies de contacto, pues el Covid-19 ha demostrado que los espacios laborales juegan un papel esencial en la prevención y contención de enfermedades, por lo que deben estar mejor preparados para situaciones similares que no solo ponen en riesgo la vida, sino la estabilidad económica y social de todo el país.

Al cambiar la normalidad, también lo hacen los espacios

El derrumbe de los paradigmas de calidad y seguridad en oficinas da lugar a cambios importantes y evidentes: la salubridad será el nuevo primer criterio de compañías para elegir sus espacios, tendremos nuevas normativas, cobrarán especial relevancia los certificados y sellos de arquitectura saludable que validen en tiempo real la salubridad de los espacios y de los edificios y, como estamos viendo, se seguirán modificando las dinámicas convencionales de trabajo.

El teletrabajo junto a la universalización de las videoconferencias ha provocado un replanteamiento abrupto en los modelos gestión de empresas y de personas así como un avance rapidísimo en la digitalización. El resultado del cambio ha convencido a muchas empresas y empleados, y algo que parecía temporal, se convertirá en definitivo en muchos casos. Esto va a tener gran impacto en varias dimensiones, como son lareducción de espaciosde oficina, de la movilidad, de la contaminación y del consumo de recursos, y por otro lado, un aumento de tiempo disponible para el empleado, y según apuntan algunos estudios, un incremento de productividad.

Un necesario espejo en el que mirarse salvando las enormes diferencias culturales, es China. Nos lleva una delantera de al menos dos meses en la pandemia y sus consecuencias. Allí,sin embargo, según un sondeo publicado por la BBC, la mayoría están reportando una reducción de la eficiencia al trabajar desde casa, «casi el 37% no informó un cambio en su eficiencia, mientras que menos del 10% dijo que trabajaba de manera más eficiente desde su hogar.»

Muchas empresas están evaluando liberar una parte de sus instalaciones o incluso, como en el caso de algunas tecnológicas, no volver a ocuparlas en absoluto. En este escenario de flexibilidad, gran parte de los puestos, será de rotación. Habrá más adecuaciones destinadas al trabajo creativo en equipo y las salas reuniones estarán siempre dotadas de equipos de videoconferencia o de telepresencia. Las compañías tendrán que asegurar la operativa en remoto, por lo que se incrementará la disponibilidad de información en la nube, mejorará la conectividad desde los hogares y la redundancia de las salas técnicas o CPD será aún másestratégica.

Todo lo anterior transforma también las adecuaciones que requieren nuestras viviendas, pues habrá que acondicionarlaspara teletrabajar sin afectar nuestro bienestar, asegurandoun mínimo de condiciones de ergonomía, iluminación, confort térmico, acústico y de calidad del aire. Por ejemplo, ¿somos conscientes de la velocidad a la que sube la concentración de CO2 en una habitación cerrada y sus consecuencias? Deberíamos, nuestra salud está en juego.

Un enfoque irrenunciable

Todas las crisis revelan también soluciones. Y la Arquitectura Saludable -un concepto en el que Galöw es pionero en España desde hace veinte años- se está consolidando como el enfoque estratégico para asumir el proceso de transformación empresarial y social que atravesamos. Concepto que propugnan también en USA Instituciones tan prestigiosas como Harvard o el IWBI. Estudios previos a la pandemia, demostraban que su aplicación generaba un 37% menos de absentismo, 21% de mayor productividad, duplicaba los ingresos, incrementaba en un 10% la satisfacción del cliente y disminuía en 65% la rotación de los empleados.

En este nuevo contexto logra ademásaportar el mayor nivel de seguridad posible -la seguridad total no existe- en la vuelta al lugar de trabajo físico y adoptar gradualmente la “nueva normalidad” minimizando incertidumbres.¿Por qué? En esencia porque sus fundamentos son científicos y no solamente aminoran riesgos de salud actuales, sino que prevén los que puedan surgir en el futuro.

Ahora que ninguna empresa se puede permitir que sus empleados estén intranquilos o incluso paralizados por el miedo al contagio, los protocolos de distanciamiento y las medidas de higiene que han marcado las autoridades sanitarias son un mínimo, pero no son suficientes. Es fundamental preparar los edificios a través de la adecuación de los espacios, la orientación de los usuarios y la instalación de tecnologías que faciliten la monitorización y limpieza.

Y como de prioridades hablamos, la clave está en el aire. Según Wang Zhou, director del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de Wuhany profesor sénior invitado de la Universidad de Pensilvania, se trata de una de las fuentes de transmisión clave del virus, pues las microgotas que emitimos al hablar, toser o estornudar pueden permanecer suspendidas en el aire durante horas. Algo que el MIT ha confirmado.

¿Qué hacer? Poner el foco enlos ambientes interiores y en particular en la pureza del aire, que en el interior está de promedio entre 2 y 5 veces más contaminado que el exterior. Lo primero es incrementar la ventilación para diluir patógenos, contaminantes y filtrar el aire. Un paso más allá y que ha tenido éxito en Corea, es el uso de purificadores. Si estos están dotados de tecnologías avanzadas e inocuas, que inactivan los patógenos en el aire y en las superficies y se monitorizan los resultados de manera continua, estaremos en las mejores condiciones para recuperar la confianza. En España, esta tecnología desarrollada por la NASA está disponible a través de Galöw y cada vez tiene mayor acogida.

Las alternativas para adecuar cada espacio son relativas a cada caso. La contribución experta en estos momentos es fundamental porque se trata de una inversión de largo plazo en una dimensión invaluable: la vida y el bienestar. La buena noticia es que la ciencia de la Arquitectura Saludable avanza y nos permite no solo vencer el miedo y acomodarnos a una nueva normalidad, sino construirla.

Publicado originalmente el 31 de agosto en capitalhumano.wolterskluwer.es

 

8 Pilares para transformar edificios en escudos protectores contra la pandemia, por Rita Gasalla

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Galow Arquitectura Healty Well Interior Design
Lobby Hotel Puerta América obra de Gälow, Arquitectura Saludable, proyecto de Rita Gasalla

Hoy sabemos que existe un mayor riesgo de contagio del covid-19 en los espacios cerrados y que el aire acondicionado puede incrementar el riesgo de propagación. La arquitectura saludable nos permite mejorar la calidad del aire interior, y con ello, la salud y el bienestar de las personas a través de los espacios.

Desde hace varios meses algunos arquitectos advertimos que la transmisión del Covid-19 podía tener lugar a través del aire, y no fue hasta comienzos de julio de este año, cuando la Organización Mundial de la Salud reconoció el peligro que esto representaba, después de que más de 200 científicos de 39 países publicaran una carta respaldada por diversas investigaciones, señalando la urgente necesidad de tomar medidas para evitar la propagación del patógeno en espacios cerrados, en los que valga recordar, ya pasábamos de promedio más del 90% de nuestra vida antes de la pandemia.

Para imaginar el recorrido del virus en aerosol por el aire en los espacios cerrados no hay más que recordar lo que ocurriría con el humo del tabaco en las oficinas, aulas y restaurantes donde antes sí estaba permitido fumar. El Sars Cov 2 se dispersa por el aire de una manera similar al humo en todo tipo de lugares de pública concurrencia con sistemas de climatización.

Los aires acondicionados – ahora tan necesarios en verano- pueden facilitar el contagio del virus por las corrientes de aire aleatorias que generan. A esto se suma que en muchos casos el aporte de aire exterior por conductos de ventilación es a veces escaso o incluso inexistente.

Rita Gasalla Proyecto Hotel Ibiza
Hotel Presidente Ibiza, proyecto de Rita Gasalla

Las medidas que todos conocemos de distanciamiento social, higiene, test colectivos y el uso de mascarillas, son útiles en general, pero insuficientes para resolver el problema de los ambientes interiores. ¿Qué podemos hacer al respecto? La arquitectura saludable ofrece un abordaje científico y muy práctico para que podamos volver a respirar tranquilos en lugares cerrados. Proponemos 8 pilares para que los edificios se transformen en un escudo protector contra las pandemias:

  1. Garantizar una buena ventilación es clave. Debemos asegurarnos de que el flujo de aire del exterior sea el máximo que podamos obtener a través de los conductos de ventilación o mediante la generación de corrientes abriendo puertas y ventanas.
  2. En línea con lo anterior, hay que aumentar la tasa de renovación de aire por persona. Esto lo podemos conseguir bajando la ocupación de los espacios o aumentando el caudal. Sería aconsejable aumentar los caudales de aire por persona que marca la normativa según los usos (IDA). Por ejemplo, exigir en las oficinas la tasa de renovación de los hospitales, así cada persona dispondría de 1.6 veces más aire proveniente del exterior.
  3. Arrancar los sistemas de ventilación de los edificios dos horas antes de que empiecen a utilizarse sus espacios y apagarlos dos horas después de que se vaya el último usuario, para mejorar la calidad del aire, y en los cuartos de baño debemos mantener los sistemas de extracción de aire funcionando ininterrumpidamente toda la semana.
  4. Evitar respirar el aire viciado recirculado que proviene del interior. La normativa, por criterios de eficiencia energética, obliga a recircular el aire calentado o enfriado del interior. En este momento, es aconsejable que la prioridad sea la salud.
  5. Es esencial comprobar el estado de los filtros de los sistemas de climatización de aire y exigir que estén limpios y cumplan la normativa, dado que pueden retener en ellos una parte de los patógenos. El virus al que nos estamos enfrentando mide de promedio 0.1 micra, y, aunque solo los filtros superiores a HEPA retendrían partículas de ese tamaño, lo habitual es que el virus use como vehículo partículas mayores, por lo que esa seguridad añadida es de vital importancia.
  6. Utilizar purificadores es fundamental. Son la única solución que inactiva los virus en el aire y en superficies simultáneamente, consiguiendo un espacio interior libre de patógenos (virus, bacterias, mohos y hongos) y de contaminantes. Estas tecnologías innovadoras han sido apoyadas, entre otros, por el IDAE.
  7. Resaltar, que todos los sistemas de climatización y muchos de los sistemas de purificación que se encuentran en el mercado, tienen una limitación importante: actúan exclusivamente sobre el aire que pasa a través de ellos. No purifican ni depuran el aire en su totalidad, ni tampoco las superficies de contacto. Debemos asegurarnos de que los purificadores que elijamos actúen en todo el aire, las superficies e incluso los rincones aparentemente inaccesibles. Para que sean realmente eficientes, tienen que estar operativos mientras las personas usan los espacios, realizando la desinfección en tiempo real. Por eso, otra condición exigible a un purificador es que sea completamente inocuo.
  8. Una monitorización continua de los parámetros físicos y químicos nos ayuda a saber cuál es la calidad del aire que respiramos. Sólo sabiendo que hay un problema, podremos tomar las medidas correctivas para remediarlo. Valga como dato un estudio realizado por la Universidad de Harvard, que revela que un incremento de tan solo un microgramo por metro cúbico de PM2.5 se puede asociar con un incremento de 15% en la tasa de mortalidad por la COVID-19 (3).
Jazzpharma Madrid Monitorizacion Galow Arquitectura Saludable
Sede jazz pharmaceuticals, obra de Gälow, Arquitectura Saludable, proyecto de Rita Gasalla. Espacio con purificadores de aire y monitorizado.

Ante el escenario de incertidumbre que nos ha planteado el Sars Cov 2, la prevención y el uso de la ciencia y la tecnología son decisiones estratégicas. Ahora sabemos en qué tenemos que enfocarnos: es primordial cortar la vía de contagio a través del aire y las superficies en los espacios interiores, la Arquitectura Saludable plantea las fórmulas para lograrlo. Podemos evitar que los edificios sean focos de contagio y actuar al respecto no solo es humano, es estratégico.

Rita GasallaRita Gasalla es CEO de Gälow desde el año 2000, firma enfocada en el transformador concepto de la arquitectura saludable.

Publicado previamente el 11 de agosto en el Procenter de Habitissimo: https://procenter.habitissimo.es/ocho-pilares-para-transformar-edificios-en-escudos-protectores-contra-la-pandemia/

Saludable, pequeña y próxima: cuando la residencia se concibe como un hogar – La Vanguardia

La Vanguardia

 

Susana Rodríguez
Madrid, 31 jul (EFE).- Residencias de veinte plazas situadas en zonas donde han vivido los mayores y diseñadas según los principios de la arquitectura saludable, con elementos que les ayuden a optimizar sus capacidades. El concepto de residencia-hogar es tendencia en Europa y por él apuestan los expertos para que la vida «no se pare» en la ancianidad.

Adaptar el edificio a las necesidades de la persona y convertir la residencia en una unidad de convivencia más parecida a un hogar que a un centro asistencial es una de las características del modelo nórdico que expertos en arquitectura proponen para España.

«La idea es que puedas tener una vejez en las condiciones más similares a las que has tenido toda tu vida», explica la arquitecta Rita Gasalla, miembro de la Asociación de Profesionales de las Relaciones Institucionales (APRI), una plataforma multidisciplinar que busca la interlocución con las administraciones para que se tengan en cuenta las propuestas de los profesionales.

Gasalla, presidenta de Galöw, una empresa pionera en el concepto de arquitectura saludable, cree que es el momento oportuno para que el sector público y el privado reconsideren cómo deben ser las residencias, vean lo que ha fallado durante la COVID y sean receptivos hacia un modelo de centros asistenciales concebidos como una continuidad del hogar.

 

DIMENSIÓN Y UBICACIÓN, CLAVES PARA EL BIENESTAR

Esta arquitecta defiende que el diseño de las nuevas residencias debería basarse en dos principios: la dimensión y el lugar donde se ubican.
«Tienen que ser mucho más pequeñas. Las personas, cuando están en lugares enormes e impersonales, tienden a deteriorar su calidad de vida. A todos nos gusta vivir de la manera más parecida a lo que hemos vivido en familia», dice a Efe.

Evitar la masificación es uno de los preceptos de esta experta, que sitúa entre diez y veinte el número recomendable de internos en cada centro para que sea un hogar personalizado, donde el mayor tenga su espacio de privacidad, independencia y servicios indispensables.

Reconoce que pasar de instituciones de hasta trescientas personas a otras con solo una veintena requiere un cambio de mentalidad, además de inversión, pero alude al ejemplo de Alemania, donde la mortalidad entre los ancianos de residencias a causa del coronavirus ha sido una de las más bajas del mundo.

La posibilidad de contagio disminuye «de forma drástica» con pocos residentes, argumenta Gasalla, al tiempo que advierte del peligro de la «aglomeración» en los centros geriátricos porque contribuye a la rápida transmisión de todo tipo de virus, no solo de la COVID.

Considera, además, que las residencias deben ubicarse en zonas donde los mayores vivían antes de necesitar cuidados.

«Que no pierdan el contacto con su barrio, con las personas con las que ha convivido toda su vida», defiende Gasalla, junto a la proximidad a un centro de salud para que el residente pueda ir caminando o ser trasladado en silla de ruedas.

Se suma así a las voces de expertos sociosanitarios que definen las residencias como lugares para cuidar, no para curar. Argumenta que no deben ser «en ningún momento» centros hospitalarios, porque es «inconcebible» pensar que alguien quiera irse a vivir a un hospital.

A su juicio, la garantía asistencial en centros de salud y hospitales de referencia haría viable económicamente el modelo de residencia-hogar, debido al ahorro del gasto que supondría no tenerlas medicalizadas.
El propósito de cercanía lleva a soluciones muy diferentes según se trate de un entorno rural o urbano. En este último caso, ¿qué se puede hacer cuando el mayor ha vivido siempre en un barrio o en un centro urbano donde no hay terreno para construir?

Para esta socia de APRI, una opción es rehabilitar inmuebles o, incluso, una parte concreta del edificio, porque se trata de dar alojamiento a un número muy reducido de personas.

 

RESIDENCIAS DISEÑADAS PARA UNA VIDA SALUDABLE

Para que una residencia pueda contribuir al bienestar es muy importante, explica Rita Gasalla, que el interior se diseñe respetando los criterios de la arquitectura saludable, un concepto en el que lleva dos décadas trabajando.

«Es básico si tenemos en cuenta que pasamos más del 90 % de nuestra vida en espacios cerrados», considera. Por ello, frente a edificios que pueden enfermar a las personas debido a la toxicidad de sus materiales o a aislamientos deficientes, pone el foco en aquellos que se proyectan pensando en prevenir enfermedades.

El aire que circula dentro es un factor clave, destaca esta pionera en arquitectura saludable. Alude a investigaciones de la Universidad de Harvard, que señalan que la función cognitiva de una persona aumenta entre un 8 y un 11 % si se renueva de forma constante.

La instalación de purificadores contribuye a este propósito, al tiempo que reduce la carga viral y el riesgo de contagio, mientras que la colocación de plantas naturales va más allá de una cuestión decorativa porque también ayudan a depurar el aire.

La ausencia de ruido es otro factor determinante para una buena calidad de vida: «Sabemos que los espacios bien tratados acústicamente pueden reducir en más de un 60 % la medicación de los ancianos», argumenta.
Escaleras seguras para los mayores con movilidad son un ejemplo de lo que denomina «arquitectura de elección» porque, gracias a los elementos de seguridad y a diseños «apetecibles», el residente puede animarse a utilizarlas como alternativa al ascensor, menos saludable.

Aludiendo de nuevo a la tendencia en el centro y norte de Europa, Rita Gasalla defiende que los cuidadores no vayan uniformados y que sean siempre los mismos, para que se pueda formar algo parecido a una unidad familiar.

Si a todos estos requisitos se suma la posibilidad de implicar activamente a los residentes en actividades cotidianas, el centro se acaba convirtiendo –concluye- en un nuevo hogar para el anciano y aleja su dolorosa percepción de que se ha trasladado a la residencia «a esperar la muerte». EFE

Este artículo fue publicado originalmente en La Vanguardia:

https://www.lavanguardia.com/vida/20200731/482589849212/saludable-pequena-y-proxima-cuando-la-residencia-se-concibe-como-un-hogar.html

 

La vida en el centro: el retorno de invertir en la arquitectura saludable, por Rita Gasalla

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08 Galow Healthy Architecture Private Bank

Antes de la pandemia, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ya calculaba que pasamos entre el 80 y el 90% de nuestra vida en espacios cerrados. Se trata de un hecho que afecta distintas dimensiones y dinámicas humanas, y que resulta de especial interés ahora que el retorno de los trabajadores a oficinas es una tarea desafiante.

¿Cuáles son los niveles de salud y bienestar que tenemos en nuestro puesto de trabajo? y ¿Qué papel tienen la infraestructura y las adecuaciones que integran el espacio en esos niveles? Se trata de algunos interrogantes estratégicos que, ahora más que nunca, los equipos de liderazgo empresarial deben plantearse, porque determinando qué factores del entorno inciden en el bienestar de las personas, es posible preservar la salud e incluso mejorar la calidad de vida de millones de profesionales en sus lugares de trabajo.

El nuevo paradigma de gestión de las personas

En los últimos años, hemos estado viviendo un cambio de paradigma importante que podría sintetizarse en que las personas son el centro. Con la crisis del Covid19, esa perspectiva se instala definitivamente. Antes del brote, cada vez más empresas de diferentes sectores habían establecido como prioridad la creación de programas que abordaban la salud desde distintas perspectivas, como la búsqueda de la felicidad en el trabajo, o el fomento de la alimentación y de los estilos de vida saludables.

Sin embargo, dadas las circunstancias, ha quedado en evidencia que no es suficiente. Los espacios de trabajo deben cumplir con unas condiciones objetivas medibles, que garanticen a las personas el mejor ambiente interior para que no enfermen, no solo por la posibilidad de contraer el Covid, sino por otras enfermedades comunes como la gripe, la presencia de bacterias o en futuras pandemias.

El salario de las personas supone hasta el 90% de los costes operativos. De ahí, la relevancia para los equipos de management de cuidar su salud y bienestar. Tanto, que una reciente investigación de Kate Lister de la Universidad de Stanford demostró que al menos un 70% de las empresas de Estados Unidos mencionan la palabra salud como parte de su misión.

El absentismo laboral se puede llegar a reducir en un 30% ocupando espacios saludables. Esto ha estimulado el surgimiento de un enfoque de arquitectura que busca medir esas condiciones y crear oficinas con un diseño basado en la evidencia científica. Un enfoque en el que la estética y lo funcional no son los únicos criterios determinantes; y en el que prevenir enfermedades y mejorar la calidad de vida de las personas a través de los espacios es posible. Se trata de la Arquitectura Saludable.

Salud y productividad: una misma moneda

La Arquitectura Saludable plantea que existen diversas condiciones que garantizan que un espacio sea saludable para las personas. El aire, el ruido, el confort térmico, la iluminación e incluso las vistas, juegan un papel fundamental. Todo esto aplica, también para oficinas. Y aquí vale la pena que vayamos por partes.

La enorme incidencia de la calidad del aire quedó demostrada en un estudio realizado por Joseph G. Allen, profesor del programa Healthy Buildings de Harvard, en el que se duplicó la ventilación y se redujeron los niveles de COV (compuestos orgánicos volátiles) y de dióxido de carbono en el aire para ver cómo los cambios afectaban la función cognitiva de los trabajadores. Descubrieron que la toma de decisiones, la creación de estrategias y la planificación mejoraron cuando respiraban mejor. Cabe decir que sobre este componente, otros estudios como el de STOK y UC Berkeley, han revelado que una mejor calidad del aire da como resultado un incremento de la productividad de entre 8 y 11%. Algo que en estos momentos resulta crucial para disminuir la carga vírica del aire el Covid19.

El ruido puede disminuir la productividad en torno a un 15%, especialmente cuando se trata de tareas complejas. No solo impide la atención y altera los procesos cognitivos, la comunicación y el sueño, sino que puede generar estados crónicos de nerviosismo y estrés.

También hay numerosos estudios que versan sobre cómo afectan las condiciones térmicas al rendimiento. Las temperaturas inadecuadas producen una pérdida de concentración y una reducción del ritmo de trabajo. De hecho, se estima que una temperatura fuera del rango entre 20 y 24ºC en invierno, reduce hasta un 10% la productividad.

La calidad y la cantidad de la iluminación es esencial para mejorar además de la alerta y la concentración, el estado de ánimo y el sueño de los trabajadores. La luz debe adaptarse a los ritmos circadianos, a las necesidades individuales de las personas y a las tareas que realizan. Una investigación de la Universidad de Cornell de 2013, estimó que una correcta iluminación podía incrementar la productividad hasta en un 5%.

Y por último, se encuentran los beneficios incontestables de contar con la naturaleza y con vistas en los espacios de trabajo, así como el uso de criterios biofílicos en el diseño arquitectónico. Aquí tienen especial importancia las plantas naturales, que además de mejorar la calidad del aire, su visión y cercanía mejoran hasta un 15% la creatividad y el bienestar físico y emocional.

Uno de los estudios más recientes de la Universidad de Cardiff comparó los niveles de productividad de dos grupos de trabajadores de oficina expuestos a diferentes niveles de contacto con la naturaleza. Encontraron que aquellos que trabajaban en oficinas con espacios verdes naturales tuvieron un incremento de productividad del 15%, en comparación con aquellos que trabajaban en un lugar sin vegetación o elementos naturales en su entorno inmediato.

Y podríamos continuar. Son muchísimos los elementos inciden en variables como la productividad y la eficiencia, sin embargo, llegaríamos a la misma conclusión: aquellas compañías que dedican esfuerzos a construir espacios de trabajo en los que se promueva el bienestar de las personas, llegarán a ser más competitivas y excelentes, entre otras, porque reducirán las bajas laborales, mejorarán el compromiso y serán capaces de atraer y retener mejor el talento, especialmente en un contexto como el actual, en el que retomar las actividades económicas necesitará de la confianza y tranquilidad de las personas.

En la medida en que los edificios no solo sean mejores para el planeta, sino también para sus ocupantes; y en que se combinen las mejores prácticas en diseño y construcción con intervenciones de Arquitectura Saludable basadas en evidencias científicas, no solo habremos dado importantes pasos en la ruta de la competitividad y liderazgo en los negocios, sino que habremos puesto en el centro de la cuestión lo que importa realmente: la vida de quienes hacen posible que existamos como empresas. La pandemia ya nos ha demostrado que esto es relevante. La pregunta es ahora, ¿a qué estamos esperando?

Publicado previamente en habitissimo el 28 mayo, 2020. https://procenter.habitissimo.es/la-vida-en-el-centro-el-retorno-de-invertir-en-la-arquitectura-saludable/

El futuro de las oficinas- La Sexta.

 
 

En La Sexta Noticias, junto a expertos de distintas ramas, nuestra CEO Rita Gasalla, fue consultada sobre el desafío de retornar a las #oficinas.

La conclusión es clara, estamos ante un cambio de paradigma: los #espacios, las medidas y los hábitos tendrán que ser #saludables.

Desde hace varios años en Galöw impulsamos esta transformación y la hemos llevado a la acción para clientes visionarios.

Para conocer más sobre nuestras soluciones para oficinas y espacios #CovidFree, visita: https://lnkd.in/gPKDSeE