Un nuevo paradigma: la arquitectura saludable como interés público, por Rita Gasalla

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Ryoji Iwata Ibavuzsjjto Unsplash
Foto Ryoji Iwata – Unsplash

Gran parte de los edificios existentes son enfermantes en mayor o menor medida. Los espacios que afectan la salud y el bienestar de las personas han sido un tema de salud pública desde que, en los años 80, la Organización Mundial de la Salud identificara el Síndrome del Edificio Enfermo. Con el avance de la ciencia y la arquitectura, la comprensión de estas afecciones se ha profundizado y continúa, ahora más que nunca, en evolución.

Ahora sabemos, gracias a eso, que gran parte de los materiales de construcción de uso habitual emiten sustancias tóxicas al ambiente. Se trata de compuestos orgánicos volátiles (COV) y otros químicos, que en muchos casos deterioran, entre otros, el aparato respiratorio de los seres humanos.

lgo que en tiempos del SARS-CoV-2 ocupa la atención de equipos científicos y médicos de todo el mundo. Algunos de ellos, han ya demostrado que la contaminación juega un papel determinante el grado de complicaciones de los pacientes que contraen el Covid19. También se han venido estudiando cuidadosamente las vías de contagio y entre las conclusiones más impactantes, se encuentra el hecho de que el virus se puede transmitir en el aire, especialmente en espacios cerrados y con poca ventilación.

Estos hallazgos y los que aún están por publicarse, han reforzado un planteamiento que un puñado de arquitectos en el mundo -me incluyo entre ellos- hemos venido defendiendo desde hace décadas: la arquitectura tiene que ser saludable. No solo sostenible, funcional o estéticamente interesante.
Los arquitectos tenemos la responsabilidad y la oportunidad de contribuir a mejorar los niveles de bienestar y las condiciones de salud de las personas.

Cómo? A través de un adecuado tratamiento del aire, el agua, la iluminación, la distribución del espacio, el confort térmico, el confort acústico, la toxicidad de los materiales y la consideración, siempre relevante, de que los edificios son escenarios para el desarrollo social.

Si hace cuatro meses hubiera escrito este artículo, me habría tenido que referir a infinidad de estudios, casos y ejemplos para respaldar esa tesis, que la pandemia ha puesto sobre la mesa de forma contundente. El confinamiento circunscribió nuestro día a día a los hogares y convirtió dinámicas como el teletrabajo en necesidad, lo que puso de relieve las limitaciones y la relevancia de los espacios en los que tenemos que vivir y trabajar. Es claro que los protocolos de distanciamiento y las medidas de higiene que Sanidad ha determinado son un mínimo necesario, sin embargo, no son suficientes. Deben tomarse medidas arquitectónicas, como el rediseño y redistribución de los espacios para garantizar la distancia social; como la instalación de sistemas que eliminen patógenos (no sólo el Covid-19) activa y pasivamente a través de la ventilación, además de la adecuación de la iluminación, los acabados y el mobiliario.

Estamos presenciando un cambio de paradigma: ahora un edificio de calidad será saludable o no será de calidad. En este sentido, es fundamental crear un consenso alrededor del riesgo que suponen los edificios enfermantes, informar debidamente al respecto y definir los nuevos estándares de salud y bienestar que deberán cumplir las edificaciones en general.

Además de los negocios y comercios, que ya han visualizado la necesidad de adaptarse a este nuevo contexto, es previsible también que los espacios de trabajo que cuenten con altos estándares en salud y bienestar atraigan, fidelicen y comprometan al talento, o que los gobiernos que aborden estructuralmente la contención de las crisis -entendiendo el papel de las edificaciones en la prevención- estarán mejor preparados para situaciones como la que hemos vivido.

Se trata de una conversación urgente en la que el sector privado, las instituciones públicas y la ciudadanía deben coincidir para crear conjuntamente protocolos homogéneos, políticas públicas y directrices empresariales. El miedo paraliza y en estos momentos la coordinación entre los distintos actores sociales es fundamental para que nuestras actividades puedan continuar y se desarrollen en un ambiente de confianza.
Tenemos la responsabilidad colectiva de romper la cadena de transmisión de enfermedades contagiosas, de recuperar nuestras actividades económicas sin poner en riesgo la vida y de actuar a la altura de las circunstancias: con esa unidad que las relaciones institucionales son capaces de forjar.

La arquitectura es una forma de expresar lo que queremos como sociedad para nosotros mismos. A través de ella no solo nos preguntamos qué espacios nos imaginamos, sino qué dinámicas queremos que existan en ellos. Y más allá todavía, qué realidad queremos configurar para nuestras futuras generaciones. Esta pandemia nos ha traído la posibilidad de cambiar un paradigma: los edificios importan y ahora más que nunca necesitamos que sean un refugio saludable.

*Este artículo fue originalmente publicado en el Blog de la Asociación
de Profesionales de las Relaciones Institucionales (APRI). Ver en
https://relacionesinstitucionales.es/un-nuevo-paradigma-la-arquitectura-saludable-como-interes-publico/

Ultravioletas: Un contrapeso científico a la Covid-19, por Rita Gasalla

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Lámparas UV Foto de Rich Smith en Unsplash
Lámparas UV Foto de Rich Smith en Unsplash

El pasado 7 de febrero, Donald Trump anunció que el Covid-19 desaparecería con la llegada de la primavera. La OMS y muchos gobiernos e instituciones también han puesto la esperanza en la estacionalidad, que mitiga la proliferación de otros coronavirus.

Los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) han declarado que “aún se desconoce si la temperatura afectará a la propagación del Covid-19 o si dicha propagación se reducirá cuando el tiempo sea más cálido”. Marc Lipsitch, profesor de Epidemiología y director del Centro de Dinámica de Enfermedades Transmisibles de la Escuela de Salud Pública T.H. Chan de Harvard (Estados Unidos), ha publicado un artículo en la misma línea, en el que ha afirmado que “el cambio de estación puede ayudar pero es poco probable que detenga la transmisión. Cuando el virus está a la intemperie es sensible a la desecación, al aumento de la temperatura exterior y a la luz ultravioleta del sol, y se inactiva antes y reduce la transmisión”.

Lo cierto es que, efectivamente, los rayos ultravioleta desactivan los microorganismos dañando las estructuras del ácido nucleico y las proteínas a nivel molecular, provocando su incapacidad para reproducirse. De hecho, se llevan usando años para combatir todo tipo de patógenos, tanto bacterias como virus.

La ASHRAE (American Society of Heating, Refrigerating and Air-Conditioning Engineers), una referencia a nivel mundial por sus estudios y cuyos estándares conforman la normativa de obligado cumplimiento en EEUU, ha estudiado en profundidad el efecto de los rayos ultravioleta en los patógenos y llegó a la conclusión de que los rayos ultravioleta más efectivos eran los de onda corta, concretamente con una longitud de onda entre 220 y 280 nm, y los llamó UVGI (ultra violet germicidal irradiation). De ahí que se considere que los filtros más eficientes que hay para el aire interior, en lo que a la eliminación de patógenos se refiere, son los filtros de rayos ultravioleta. Su uso en el ámbito hospitalario está cada vez más extendido, aunque desafortunadamente, se ha limitado casi en exclusividad a dicho ámbito.

En este sentido, otras iniciativas han tenido eco en los medios de comunicación en el contexto de la pandemia que estamos padeciendo. Una empresa china, Sunay Healthcare Supply, compró recientemente a la compañía danesa UVD Robots, unos robots autónomos que incorporaban luz ultravioleta, evitando la exposición del personal del hospital y el consecuente riesgo de infección.

«Con este acuerdo, más de 2.000 hospitales chinos ahora tendrán la oportunidad de garantizar una desinfección efectiva, protegiendo tanto a sus pacientes como al personal», ha dicho Su Yan, CEO de Sunay Healthcare Supply a medios de comunicación.

Pero no sólo en el ámbito hospitalario se está usando esta tecnología. La compañía de transporte público de Shangai, ha utilizado también lámparas de UV para el proceso de limpieza, reduciendo el tiempo de 40 minutos (y al menos dos empleados) a cinco minutos y con un grado de eficiencia mayor.
Se trata de una tecnología con amplias oportunidades de expansión, particularmente en la crisis que atravesamos. Ya desde hace un tiempo, en nuestro enfoque de Arquitectura Saludable en Galöw hemos venido utilizando los rayos ultravioleta para garantizar la eliminación de patógenos. “Donde entra el sol no entra el médico” reza un refrán que solía repetir mi bisabuelo. Curiosamente, parece que la ciencia y la cultura popular, basada en la experiencia, dicen lo mismo.

¿Por qué transformar IFEMA en un “hospital” es todo un reto?, por Rita Gasalla

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IFEMA - Wikicommons
IFEMA – Wikicommons

Es admirable y un ejemplo a nivel mundial el esfuerzo realizado por la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid para, de la noche a la mañana, convertir un recinto ferial en un hospital. La complejidad de esto es algo que debemos comprender para esta coyuntura y para el futuro.

Por Rita Gasalla, CEO de Galöw: Arquitectura Saludable e Interiorismo

Un hospital es un tipo de inmueble con unas características arquitectónicas muy determinadas, con unos requisitos más estrictos todavía cuando se trata de espacios UCI. El Ministerio de Sanidad editó una guía en 2010 que se llamaba “Unidad de cuidados intensivos. Estándares y recomendaciones”.

En esta guía, además de incorporar los ratios de personal sanitario por paciente, especifica las características técnicas que han de cumplir las salas. Es el gran reto al que se enfrenta la Consejería. “El diseño de la UCI en sala abierta mantiene elevadas tasas de infección nosocomial, sobre todo bacteriana, cuya prevención requiere mejorar la prevención durante los procedimientos invasivos” señala el documento oficial.

Así, aunque al principio se construían salas abiertas, se llegó pronto a la conclusión de que cada paciente debía estar confinado en un recinto limitado propio, si bien es cierto que en este caso se van a tratar a todos los pacientes de la afección por el mismo virus.

Las instalaciones necesarias son complejas: han de tener algunos elementos que son esenciales como un suministro eléctrico continuo e ininterrumpido, con backups de SAI y grupo electrógeno, con un número suficiente de tomas en el cabecero de cada paciente; una iluminación específica, con 300 luxes ( luz tenue) y hasta 1.000 luxes sobre el enfermo para actuaciones de emergencia; agua tratada y lavabos de manos y dispensadores de soluciones hidroalcohólicas disponibles; aseos para los enfermos; un suministro de gases medicinales, como oxígeno y aire comprimido, que se debe realizar desde las correspondientes centrales; un tratamiento del aire, con un mínimo de 10 renovaciones/hora y un filtro HEPA para el aire exterior, y con una humedad relativa del aire entre el 45 y el 55%; un sistema de monitorización (electrocardiograma, presión invasiva, parámetros respiratorios y otras variables fisiológicas); y un sistema de intercomunicación paciente-enfermera y alarma específica para parada cardiorrespiratoria.

A eso también hay que sumarle algunos requisitos arquitectónicos que garantizan que el espacio pueda ser utilizado con la finalidad propuesta.

Hablamos de acabados del suelo, que deben atender criterios de limpieza con alta frecuencia y con resistencia al deslizamiento (clase 2); de acabados de paramentos que deben permitir limpieza agresiva así como resistir fuertes impactos y por último, es necesario asegurar la absorción acústica.

Por otra parte, otro reto no menor aún, es la necesaria cualificación del personal de UCI, dada la elevada tasa de contagio entre el personal actual, la elevada carga viral a la que están expuestos y la inadecuada protección ante la escasez de EPIs.

Por todo lo anterior hemos de ser conscientes que transformar un espacio como IFEMA en un hospital supone un esfuerzo de una complejidad enorme. Ante la situación que estamos viviendo, se hace evidente la urgencia de tener operativo el nuevo Hospital de Toledo, a escasos 50 km de la capital y cuya apertura se preveía entre mayo y junio de este año. De hecho, miles de ciudadanos han puesto en marcha una recogida de firmas y la Consejería de Castilla La Mancha lo ha puesto a disposición del Gobierno central para su uso en caso de contingencia final de extrema necesidad. Algo que sin duda, sería de mucha utilidad.

Nos encontramos en una situación sin precedentes y necesitamos aunar esfuerzos y voluntades para no desaprovechar oportunidades. Lo cierto es que la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid debe afrontar un reto mayúsculo para que el gran operativo que está desplegando sea lo más eficiente posible en salvar vidas y en proteger a los sanitarios.

Publicado previamente en LinkedIn el 26 de Marzo 2020 https://www.linkedin.com/pulse/por-qu%C3%A9-transformar-ifema-en-un-hospital-es-todo-reto-rita-gasalla-/

Covid-19: ¿Puede el aire en edificios propagar las enfermedades?, por Rita Gasalla

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Cheung Hong Estate in Tsing Yi - Wikicommons
Cheung Hong Estate in Tsing Yi – Wikicommons

El pasado lunes 10 de febrero diversos medios de comunicación informaron sobre el contagio por Covid-19 (un tipo de neumonía) de una mujer de 62 años residente en el complejo residencial de Hong Mei House de Hong Kong. El caso habría sido uno más de los 80.596 registrados con fecha 26 de febrero, de no ser porque la explicación de los expertos del Departamento de Microbiología de la Universidad de Hong Kong fue inquietante: los conductos de ventilación (extracción) -afirmaron- que conectan verticalmente todos los aseos de esos inmuebles, podrían haber facilitado la transmisión del virus.

Posteriormente, diversos estudios han mantenido que el contagio de este virus tiene lugar a través de gotas de tamaño medio y no de forma aérea, pero esto no explica este caso de Hong Kong, que es un indicativo de que puede haber otras formas de transmisión.

Este hecho plantea diversos interrogantes: ¿Son efectivas las cuarentenas en los edificios residenciales, hoteles, residencias de ancianos o en cruceros? ¿Qué sucede si de hecho, ya hay algún infectado confirmado en dichos espacios? Y yendo un poco más lejos, si el infectado abandona el espacio ¿Se pueden contagiar todavía quienes quedan en él? ¿Y qué podemos hacer los arquitectos para prevenir contagios de enfermedades en espacios cerrados?

Antes de responder, conviene ponernos en contexto. Las normativas actuales obligan a que los edificios industriales, comerciales y de oficinas, dispongan de sistemas mecánicos de suministro de aire fresco, el cual puede ser filtrado, calentado o enfriado y en ocasiones humidificado, para garantizar las condiciones de uso adecuados. En estos equipos y sistemas (conductos, tuberías, etc.) se pueden dar las condiciones idóneas para el crecimiento y dispersión de los microorganismos o agentes biológicos. Los microorganismos pueden ser transportados por el agua destinada a la humidificación de los espacios interiores, por el aire exterior o por el aire recirculado en el interior de los edificios.

En viviendas, la falta de ventilación, puede provocar que los patógenos tengan unas condiciones de temperatura y humedad que faciliten su propagación. Los altos niveles de hermeticidad en espacios interiores -exigidos por directrices energéticas-, dificulta la regulación natural del aire interior y, en ausencia de adecuados sistemas de climatización y ventilación, pueden causar una mayor acumulación de vapor de agua en el interior. De esta forma se crean unas condiciones idóneas para el crecimiento de microrganismos.

Estos son solo algunos escenarios, que sin embargo ponen en evidencia que la arquitectura desempeña un rol fundamental en la prevención y control de enfermedades. En este sentido, los criterios de la Arquitectura Saludable ofrece soluciones que ahora más que nunca resulta útil comprender y poner en marcha.

Un referente para el caso de las viviendas en este sentido, es el estándar Passivahaus, que aúna una gran hermeticidad con una cuidada renovación de aire, que puede incorporar además filtros tanto en la aportación del aire fresco como en el que se recircula. De esta manera, se garantiza una calidad óptima del aire que ser respira.
El papel de los filtros resulta imprescindible y la normativa es relativamente estricta en edificios. Los virus son los microorganismos de menor tamaño (entre 0.02 y 0.3 micras) y los filtros más potentes que existen (HEPA y ULPA), filtran un porcentaje muy alto entre las 0.12 y las 0.3 micras. Otro tipo de filtros, de esterilización ultravioleta, destruyen el ADN de los microorganimos.

Un nuevo método desarrollado por investigadores de la Universidad de Michigan ofrece una nueva oportunidad de mejora: una solución con plasma no térmico que puede eliminar el 99.9 % de los virus en el aire en menos de un segundo a través de la liberación de fragmentos energéticos cargados de moléculas.

En las viviendas hay problemas de infiltraciones porque son poco herméticas. Estas infiltraciones se producen en todo el perímetro o envolvente, tanto en las fachadas como en las medianeras, así como en las instalaciones que las comunican. Podemos constatarlo cuando los olores pasan de unas viviendas a otras, pues el mismo aire que traslada esos olores, traslada los microorganismos.

Y entonces ¿qué podemos hacer para evitar la transmisión en los edificios por vía aérea? Lo primero que debemos tener presente es que los sistemas y conductos de ventilación al uso son medios de propagación de los virus por todo el inmueble. Frecuentemente se apagan por las noches, por lo que se para la corriente de aire que impide que el patógeno se propague en la dirección contraria al movimiento del aire. Luego, para evitar que los diversos patógenos que se encuentran en el ambiente se propaguen por los conductos, es esencial el uso de los filtros más eficientes. Tanto cuando se extrae como cuando se aporta aire. Es conveniente revisar los sistemas de ventilación de todos los edificios para prevenir el contagio de enfermedades entre sus usuarios.

Mi bisabuelo, que era médico, solía decir que “donde entra el sol, no entra el médico”. Y se refería en gran medida a que la falta de ventilación adecuada y de soleamiento, provoca que los patógenos proliferen con más facilidad.

Es clave tomar conciencia de que pasamos el 90% de nuestra vida en espacios cerrados, y en consecuencia, no deberíamos esperar a que los edificios nos enfermen para recordar que la arquitectura impacta nuestra salud y bienestar. Esto debería ser un enfoque irrenunciable para todos.

Publicado previamente en LinkedIn el 27 de febrero 2020. https://www.linkedin.com/pulse/covid-19-cuando-el-aire-en-edificios-propaga-las-rita-gasalla-/

Es tiempo de replantear los Open Spaces, por Rita Gasalla

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Open Space de Johnson Wax, proyectado por Frank Lloyd Wright en 1936. Fuente- CNN - Pinterest
Open Space de Johnson Wax, proyectado por Frank Lloyd Wright en 1936. Fuente- CNN – Pinterest

Mucho se habla de las oficinas abiertas como parte del fenómeno de nuevas formas de trabajo. Nada menos cierto. Esta distribución de los espacios se utilizó por primera vez en 1904, y se popularizó enseguida, porque además de facilitar el control de personal por parte de los supervisores, permitía una mayor optimización espacial, especialmente en escenarios en los que el precio del metro cuadrado es elevado.

En esa búsqueda de eficiencia, se redujo el ratio de superficie por ocupante y con el tiempo, se han incorporado algunas zonas lúdicas y otras áreas de trabajo en equipo. No obstante, se trata del mismo tipo de espacios con más de un siglo de vigencia, que tienen unas consecuencias que es hora de asumir y abordar.

Una de ellas, es que al tratarse de grandes espacios sin barreras físicas al ruido, este se difunde provocando distracciones e interferencias en el trabajo, afectando a la concentración y al bienestar laboral. Hoy sabemos, gracias a múltiples estudios, que el ruido tiene una repercusión negativa en los factores anteriormente descritos, en suma, afecta negativamente la productividad de una empresa.

Algunos estudios avalan que un espacio de trabajo ruidoso puede disminuir la productividad en torno a un 15%, especialmente cuando se trata de tareas complejas. Es tan relevante el asunto que según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la contaminación acústica se encuentra entre los cuatro factores medioambientales con mayor impacto en la salud, y de acuerdo con la Comisión Europea, se estima que cerca del 20% de la población de la Unión Europea sufren niveles de ruido que los científicos y expertos en salud consideran inaceptables y al menos 10.000 casos de muertes prematuras anuales son provocadas por este factor.

¿Qué es el ruido y por qué nos afecta?

El ruido es el sonido no deseado. Está integrado por dos componentes: una física y medible, y otra subjetiva, que es la sensación de molestia percibida de manera diferente por cada individuo.

El ruido en el interior de los edificios nos llega esencialmente desde cuatro fuentes: el procedente del exterior, el de las instalaciones, el de los equipos y máquinas, y el que producimos las personas. Todas estas alimentan el nivel global de ruido de nuestro entorno.

Y los efectos de lo anterior pueden evidenciarse en malestares que impiden la atención y alteranlos procesos cognitivos, la comunicación y el sueño; así como en una pérdida de capacidad auditiva, en estados crónicos de nerviosismo y estrés, que a su vez, pueden conducir a trastornos psicofísicos, enfermedades cardiovasculares y alteraciones del sistema inmunitario. No se trata de algo menor.

¿Qué podemos hacer al respecto?

Las medidas de control son más eficaces cuando se actúa sobre la fuente generadora de ruido. Hay casos en las que solucionar un problema de ruido no es posible sin reformar la estructura y fachada de un edificio, por lo que es esencial acometer una estrategia del tratamiento del ruido desde el origen de un proyecto. En esto los arquitectos tenemos una gran responsabilidad.

Para los espacios de oficinas hay algunas pautas generales recomendables a adoptar:

• Agrupar equipos ofimáticos en habitaciones independientes. Además del aislamiento acústico, se evita también que el ozono se disperse por el resto de la oficina.
• Instalar sistemas de ventilación y climatización con máquinas silenciosas,  empleando sistemas antivibratorios y aislando conductos.
• El uso de materiales fonoabsorbentes en paredes, suelos, techos y mobiliario es esencial para bajar el tiempo de reverberación del ruido.
• Aislar acústicamente los espacios, tanto del ruido exterior como del que se transmite entre los diferentes espacios interiores.
• Y por último, pero no menos relevante, estimular conductas que respeten el silencio: bajar volumen móviles, hablar bajo, e incluso disponer de espacios individuales con tratamiento acústico específico para hablar por teléfono.

El ruido en los espacios de trabajo puede provocar que una empresa deje de ser competitiva, pero también es una fuente potencial de problemas de salud. De ahí que resulte necesario evaluar la conveniencia de las distribuciones de oficinas en grandes Open Spaces.

Ahora que todos los desarrollos de productos y servicios se enfocan en el usuario y sus necesidades, la arquitectura saludable debería ser un enfoque irrenunciable. Debemos repensar si los espacios en los que pasamos alrededor del 90% de nuestra vida, están pensados para nosotros o si están suponiendo un lastre para la salud de sus ocupantes y para el crecimiento de la empresa.

Esta entrada fue publicada originalmente en https://www.ritagasalla.es/es-tiempo-de-replantear-los-open-spaces/
Para más información sobre cómo nos impacta el ruido puedes ver: https://www.youtube.com/watch?v=nVOaA-YFRe0

 

Espacios enfermantes, por Rita Gasalla

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Foto Sean Benesh - Unsplash
Foto Sean Benesh – Unsplash

Por Rita Gasalla, CEO y Socia Galow Arquitectura Saludable e Interiorismo

Una alergia, una jaqueca, un problema respiratorio. ¿Qué posible relación podría tener todo esto con los espacios que frecuentamos? Mucha más de la que conocemos.

Entrados los años 80, un informe de la Organización Mundial de la Salud advirtió que “hasta un 30% de los edificios nuevos y remodelados alrededor del mundo, podían generar un número excesivo de quejas relacionadas con la mala calidad del aire interior”. Desde entonces, ese mismo organismo sugirió el término de Síndrome del Edificio Enfermo como “un conjunto de molestias y enfermedades ocasionadas en las edificaciones”.

Sus patologías -por así decirlo- se dividen en físicas, causadas por la humedad y la suciedad; mecánicas o lesiones que se deben a factores como grietas, fisuras, deformaciones, desprendimientos y erosión; y químicas, derivadas de la oxidación, corrosión, eflorescencias u organismos vivos.

¿Cuánto afecta esto a la salud de las personas?
La misma OMS ha sugerido que se habla de un edificio enfermo si provoca un conjunto de síntomas en al menos un 20% de sus habitantes. A esto podemos añadir que los seres humanos pasamos de promedio un 90% de nuestra vida en espacios cerrados; en especial los jóvenes, a quienes ya se les apoda como la generación indoor.

Lo cierto es que la mayoría de las personas podrían no ser conscientes de que el ruido, una pintura, una alfombra, o la falta de luz y ventilación están provocándoles serios problemas de salud. La lista de enfermedades va desde jaquecas, influenza, rinovirus y neumonía, hasta la lipoatrofia semicircular e incluso desórdenes de la tiroides en mujeres.

Durante años distintas instituciones a nivel internacional han realizado estudios al respecto: la OMS, el International Well Building Institute (IWBI), la Universidad de Harvard, la Enviromental Protection Agency (EPA) y el Passivhaus Institute son algunos de ellos. Sin embargo, el tema aún no ocupa el espacio que debería en la agenda pública.

En España, son muy pocas las empresas y profesionales de la construcción que entienden y trabajan con criterios de arquitectura saludable -Galöw es pionera en este concepto en el país-. Los edificios que se están construyendo actualmente ponen el énfasis en el medio ambiente, la eficiencia energética y todo lo que tiene que ver con los recursos que ofrece nuestro planeta, pero la salud del usuario no parece estar dentro de sus prioridades.

Y esto importa, porque la arquitectura es una expresión de lo que buscamos como sociedad para nosotros mismos. Todos los edificios que construyamos estarán allí durante años y sus efectos alcanzarán a personas que incluso no han nacido todavía.

Publicado previamente en LinkedIn el 9 de Enero de 2020 https://www.linkedin.com/pulse/espacios-enfermantes-rita-gasalla-/

La arquitectura saludable como medicina preventiva, por Rita Gasalla

Arqiutectura Como Medicina Preventiva

En los últimos meses se viene hablando mucho de la calidad del aire. El lanzamiento de Madrid Central y de medidas similares en otras metrópolis europeas hace que el medio ambiente esté muy presente en la vida de los habitantes de las grandes ciudades europeas y en la de los madrileños en particular. Creo que en este contexto tenemos una oportunidad para concienciar sobre la importante relación que existe entre la arquitectura y la salud de las personas.

RITA GASALLA
RITA GASALLA

Un tercio de los recursos consumidos por la humanidad se dedica a la edificación y el 40% de las emisiones de CO2 tienen origen en la construcción, por lo que es necesario y urgente regular de manera global la relación entre arquitectura, construcción y medio ambiente. Sin embargo, para actuar sobre la salud de los habitantes de nuestras ciudades la arquitectura debe ir más allá, proponiendo soluciones no sólo para reducir emisiones contaminantes sino también para optimizar el potencial de la arquitectura saludable en el interior de los edificios.

Como arquitecta, uno de los elementos que más me preocupan en mis proyectos es la salud de los usuarios. Entre los datos que manejamos en nuestra empresa, Galow Arquitectura saludable e Interiorismo con más frecuencia, para indicar la importancia de la calidad del aire en hoteles y edificios de oficinas, se encuentra el hecho de que pasamos más de un 90% de nuestras vidas dentro de un edificio. Por ello, implantar soluciones de arquitectura saludable en interiores es hoy, gracias a la irrupción de nuevas tecnologías, una oportunidad para mejorar nuestra calidad de vida que no debemos dejar escapar.

La utilización de materiales antibacterianos, la biofilia (instalación de jardines verticales, por ejemplo), las pinturas no contaminantes y activas en la absorción de CO2, las moquetas que capturan y retienen las partículas más finas de polvo, los sistemas de extracción mecánica del radón, el aislamiento y la absorción acústica con materiales fonoabsorbentes, las luminarias que adaptan su intensidad a los ritmos circadianos, los equipos de ionización del agua para eliminar los radicales libres, la zonificación térmica con controles individualizados o el mobiliario activo son sólo algunos ejemplos de las oportunidades que hoy ofrece la arquitectura saludable para el interior de los edificios.

Quizás la iniciativa más significativa en este sentido sea la propuesta por el estándar Well, que busca que se diseñe y construya para que los edificios no perjudiquen a la salud, de forma que la arquitectura saludable actúe como medicina preventiva. Se pretende que el usuario respire aire puro, que se mantenga hidratado, que trabaje en un puesto ergonómico y bien iluminado, que haga ejercicio, que se relacione, que se relaje y que se alimente ordenadamente.

Galow arquitectura saludable restaurant vertical garden roof-galow

Pensar en la salud de las personas a la hora de diseñar edificios o espacios equivale a pensar en liberar el potencial humano de los usuarios. Según estudios realizados por el “International Well Building Institute” una mejor calidad del aire revierte en una mejora de productividad de entre un 8 y un 11%, una correcta alimentación disminuye en un 66% las posibilidades de que un empleado solicite una baja laboral, la deshidratación superior al 2% disminuye el rendimiento, la concentración en el trabajo incrementa un 15% cuando se dispone de vistas a un espacio natural, la escasez de ejercicio está vinculada a un 50% de riesgo de baja productividad, la eficiencia puede reducirse hasta un 60% debido al ruido, y una temperatura inadecuada por exceso o defecto también reduce entre un 2 y un 4% el rendimiento.

La sostenibilidad es cada día más valorada económica y socialmente, por lo que la inversión en entornos saludables revierte también en una mejora reputacional, en el incremento del valor de la propiedad de cara a inversores que apuestan por la sostenibilidad, en la mejora de la retención del talento y en ahorros en costes financieros (bancos y aseguradoras aplican reducciones en costes hipotecarios y en pólizas cuando consideran que la sostenibilidad y el wellness contribuyen a la reducción de los riesgos o a la implementación de sus propias políticas de RSC).

Existen argumentos suficientes y por ello muchos arquitectos pensamos que los promotores deben incorporar el concepto de bienestar del usuario a través de la arquitectura saludable como inversión y no como gasto. El diferencial económico es relativamente bajo y el retorno alto.

Publicado originalmente en Linkedin, el 2019-04-04. https://www.galow.es/rita-gasalla-en-grupo-via-la-arquitectura-saludable-como-medicina-preventiva/